domingo, 18 de septiembre de 2011

Tijeras cuchillos y viceversa


Cuarta sombra: Tijeras cuchillos y viceversa

Las tijeras golpearon con fuerza la espalda de Fran que ni se inmutó ni interrumpió sus besos ni sus caricias ni disminuyó, en modo alguno, su desbocado deseo, por causa del impacto accidental.
Junto a las tijeras, en el suelo, estaba el móvil que también había caído segundos antes por estar a menos altura y también por esa circunstancia no golpeó al casero, como hicieron aquéllas, aunque rozó uno de sus tobillos.
Ahora las manos de Cora, sin objetos que entorpecieran sus movimientos, estaban libres, aunque permanecían muy ocupadas tratando de desabrochar el pantalón de Fran.
_ Espera- dijo el casero impaciente-, yo lo haré.
Se separó un poco, apenas una zancada hacia atrás y se liberó del incordio de la ropa bajando los pantalones hasta los tobillos. Ahora tuvo que dar varios pasitos cortos para acercarse al punto de partida.
_ Ahora aguarda tú- dijo Cora apartándose de él-, no quiero estar de pie pegada a la pared.
Se dirigió a la mesa y empezó a tirar los objetos y restos de la última comida de ayer, de la última cena. Algunos platos cayeron al suelo y también algunos cubiertos, un vaso se rompió en mil pedazos. A Fran los ruidos de los cristales y metales lo excitaban aún más y, más aún, la visión de Cora de espaldas a él, barriendo la mesa, con esas nalgas blancas que bailaban al ritmo de los ruidos de la cubertería incitándole a la locura… a una mayor locura.
Con pasos cortos llegó hasta ella, hasta los glúteos respingones donde sin preámbulos instaló su órgano masculino.
_ ¡He dicho que esperes!- dijo Cora girándose y mostrando un cuchillo de filo brillante y amenazador al tiempo que se sentaba en el filo de la mesa para de inmediato añadir-, ahora sí, a qué estás esperando.
Fran no se hizo esperar, pronto quedaron unidos, pegados, adheridos por la pasión irrefrenable. Sus labios apretados violentamente contra los de Cora, los pechos de la inquilina estrujados contra el torso del casero, sus sexos fundidos en uno…
Las manos de Fran arañando la espalda de la mujer, la mano izquierda de Cora aferrando la nuca de su rival, en la diestra los dedos se agarraban a un cuchillo que de vez en cuando pinchaba, sin llegar a herir, la espalda del casero.
_ ¿Por qué siempre tienes objetos peligrosos y cortantes en las manos?
_ ¡Cállate y no dejes de besarme!
Jadeos y gemidos quedaron ahogados en un beso y viceversa. El combate cuerpo a cuerpo entró en una espiral de ritmo frenético que no podía durar mucho más. Así fue. Los labios se separaron, ambos echaron la cabeza atrás, Cora alzó la mano derecha armada con el peligroso cuchillo, Fran sujetó con la siniestra la muñeca de la mujer por miedo a que en un espasmo le descargara un golpe mortal. De puntillas en el vertiginoso precipicio del orgasmo se hallaban cuando a su espalda surgió una sombra proyectada desde el umbral y un grito cruzó el quicio de la puerta para mezclarse con el grito incontenido e incontenible del casero.
_ ¡Aaaaahhhhhhh!- Chilló Fran perdiendo toda su fuerza en el último empujón.
_ ¡Qué coño está pasando aquí!- gritó Nick sin dar crédito a sus ojos y alzando su escopeta.
_ Siempre tienes que joderlo todo- espiró Cora insatisfecha dirigiéndose… ¿a Fran? ¿A Nick?, o viceversa.

17 comentarios:

Javier Valls Borja dijo...

Jodida, pero no contenta... Veremos quién pagará los "platos rotos".

ANA MARÍA ARROYO dijo...

Tres personajes y dos de ellos armados. Esta historia promete y viceversa.

La profecía del silencio dijo...

Javier tú lo has dicho muy bien, habrá platos rotos y alguien tendrá que pagar.

Elen dijo...

Pues vaya!!! para echar un kiki se cargan la vajilla!!! pues salen caros, que estamos en crisis leches!!

La profecía del silencio dijo...

Ana si tres y dos que pronto serán cuatro y tres, y un final trágico y a la vez divertido o viceversa.

La profecía del silencio dijo...

Elena sí, en un arrebato de pasión no importa que se rompan algunos paltos, pero como dice Javier ahora alguien tendrá que pagar, no creo que Nick este muy contento y lleva una escopeta.

Elen dijo...

Si si... como dice Javier, a Javier me gustaría a mí pillarlo, bien sabe él por qué, ainnnsss luego le echan las culpas a la tecnología, ya... ya...

Caballero Utrillas, esta historia promete, espero que el final sea fastuoso!

La profecía del silencio dijo...

Elena yo sólo puedo adelantar que escribiendo e final me lo pase genial (y no es por rimar)

Javier Valls Borja dijo...

Ángel, pero si adelantar y genial no riman para nada... juas juas juas...

Elenaaa, pornógrafaaaaa, jajajajaaaaa...

Ana, con lo de los dos personajes armados ¿te refieres a los dos que llevan armas, o...? jojojo...

Perdón, es que me he comido un payaso para cenar y me repite, jijijiiiii...

La profecía del silencio dijo...

Javier ten cuidado con lo que cenas que de grandes cenas están las sepulturas llenas.

ANA MARÍA ARROYO dijo...

Pues sí que riman... es una rima asonante, de lejos, pero asonante. Jajaja.
En cuanto a las armas, sean las que sean, siguen siendo igual de peligrosas... por distintos motivos, claro.
El de la escopeta la lía, ya verás...

Elen dijo...

Arrea!!! pornógrafa? jajajjaa... a ver si me voy a dedicar en serio, y me vuelvo rica!!! jajaja...

La profecía del silencio dijo...

Ana en realidad la rima a la que yo me refería era a final y genial pero Javier ya sabes como es.
Y las armas no son peligrosas, los peligros los ocasionan los que las portan. El de la escopeta acaba de pillar a su pareja revolcándose con el casero, es fácil que la lie.

La profecía del silencio dijo...

Elena yo no he dicho nada, todo culpa de Javier.

Elen dijo...

Ya ya... dime lo que quieras Dimoni, pero esto es como dicen, " entre todos la mataron, y ella sola se murió", siempre estáis los dos liándola!!! ayyyy... qué paciencia!!!

Anónimo dijo...

Hola Angel,soy Luisa, esta es mi primera entrada en tu blog, espero que haya muchas mas. Besos

La profecía del silencio dijo...

Hola Luisa. Muchas gracias por tu primera visita, por aquí podrás encontrar relatos, microrelatos y algún poema. La profecía del silencio ya la has leído así que los capítulos te los puedes saltar.
Un beso, nos vemos pronto.