jueves, 6 de octubre de 2011

Septima sombra: El polizón.





Como no ha habido concurso, tendrá lugar el jueves que viene, no puedo poner los microrelatos de esta semana, por tanto os dejo la septima sombra, septimo y penúltimo capítulo de "El casero siempre llama dos veces"

Aprovecho para recordar que el día 13 de octubre habrá un encuentro de autor en Valdemoro, en Espacio ComuniKarte, calle Negritas 13, a las 19,30, en ese acto se presentará el poemario de Ana María Arroyo "En la piel del verso" y yo hablaré de mis "Recuerdos de lluvia y Cierzo"



Séptima sombra: El polizón

Y sin embargo yo no había olvidado nada, tengo muy buena memoria y recuerdo lo sucedido a la perfección, aunque aconteciera en mi otra vida.
No puedo soportar ver a este imbécil con Cora, no puedo ver a mi dueña en brazos de un asesino aunque su crimen la haya liberado de alguien a quien ella nunca quiso. Tampoco creo que ame a Fran, no, estoy seguro, no es amor, es simplemente sexo o necesidad de percibir un poco más de dinero.
No pude declarar en el juicio, claro es normal, ¿cómo iban a permitirme hacerlo? A mí, a un pobre diablo. Fui el único testigo de lo sucedido pero siempre tendría que permanecer callado, siempre debería vivir con el secreto mordiéndome las entrañas.
No, no podría confesar jamás y sin embargo, también yo había tomado una decisión. Cora será mía o de nadie, no permitiré que siga conviviendo con un asesino.
Y así un buen día llegó mi oportunidad, llegó el momento propicio, iban a realizar juntos los dos un trayecto en coche hasta un pueblo vecino para hacer unas compras y yo, me colé como hacía casi siempre. Fran conducía, siempre era él quien conducía, yo abandoné mi escondite, dejé de ser polizón para ser pasajero y mimoso, rocé el tibio hombro de Cora.
_ Hola amigo- dijo abrazándome mimosa, sorprendida de verme pero contenta de mi aparición-, has decidido acompañarnos, bien, así el viaje será más interesante.
_ No veo yo el interés-, dijo Fran sin mimo de ninguna clase, jamás se alegraba de verme y fijó sus ojos en los míos mientras me chillaba-, ¡al contrario, eres un estorbo, un maldito intruso!
No pude contenerme, no pude aguardar más, ¡tranquila Cora, agárrate fuerte, yo te libraré de este imbécil!, pensé mientras sucumbiendo a mi impulso me abalanzaba sobre él.
Arañé su rostro con todas mis fuerzas, clavé mis uñas en sus ojos, mordí sus manos para obligarle a soltar el volante. Sangró como lo que era, como un cerdo, sus alaridos de dolor superaron en decibelios los gritos de sorpresa de Cora y se elevaron incluso por mis roncos gruñidos de desesperación.
Desesperado fue el volantazo de Fran, nos sacó de la carretera, el muy imbécil en vez de girar a su izquierda lo hizo a la derecha, hacia el lado de Cora y, esa absurda maniobra suya nos precipitó por el barranco, seguro que lo hizo adrede, apuntando el objetivo al asiento del copiloto para que el peor golpe se lo llevara Cora, para salvar su asqueroso culo.
Finalmente Cora no sería mía, no sería de nadie. Fran sobrevivió, ya saben, mala hierba…
Cora murió en el acto, al menos sé que no sufrió y no comprendió lo que pasaba por lo cual no creo que me guarde rencor.
Yo salí despedido en la primera vuelta de campana, me golpeé contra las rocas, creo que morí al instante porque no recuerdo haber sufrido. ¡Qué destino tan cruel fallecer tantas veces en tan pocos días!
Fran tardó mucho tiempo en recuperarse de sus heridas y cuando por fin salió del hospital se llevó la sorpresa de su vida. ¡Qué satisfacción experimenté al ver su cara! No pude contener la risa cuando la policía lo detuvo acusándole de provocar el accidente para liquidar a Cora y quedarse con su dinero, que en realidad era de Nick.
Lo declararon culpable de asesinato, qué curiosa la justicia de los hombres, cuando era culpable lo liberaron declarándolo inocente y, ahora, inocente de verdad, y no obstante, encarcelado. Lo tenía merecido y Cora, aunque me apena su muerte, también merecía un castigo, si hubiera existido un onceavo mandamiento ellos también lo hubieran incumplido.
Ahora es tarde para arrepentimientos. La oscuridad ha cubierto el escenario, ya no hay viceversa, solamente sombras, es muy tarde ya.

4 comentarios:

Elen dijo...

Bufff... pues mira que creo que es un gato!!

ANA MARÍA ARROYO dijo...

No me gustan los mandamientos, ni diez, ni once. No me gustan los mandatos. Me gustaba Cora. Eres re malo, mira que lo sabía...
Eso sí, como escritor eres re bueno.

Cora...

Gracias por la foto. Me da la sensación de que la has puesto porque sabías que iba a patalear cuando leyera la muerte de mi mala favorita.

Jo.

La profecía del silencio dijo...

Elena tú siempre buscando tres pies al gato, jajajajajaa

La profecía del silencio dijo...

Ana estaba claro, en "El cartero..." Cora muere, en "El casero..." tenía que ser igual.
La frase de los once mandamientos fue la utilizada para la publicidad de la primera película, una frase histórica del cine mundial que me he permitido reproducir. Y lo de la foto era obligado faltando una semana para el evento de Valdemoro. Gracias por considerarme rebueno como escritor.