lunes, 22 de agosto de 2011

AGUA





Este es el primer relato de mi nuevo libro, una colección de relatos que se titula “Recuerdos de lluvia y Cierzo” Es el relato más corto, espero que os guste y despierte vuetro interés por leer los 16 restantes.
La fotografía es de Charo Hernádez, artista del Colectivo Toc Arte en el cual la publicó como un trabajo sobre el tema “Agua”.










Agua.

Agua vertida.

Agua derramada por la ira, impulsada por su deseo de venganza o mejor aún, por su deseo de justicia. Vaso de cristal que impulsado por su indignación desciende hasta el suelo de la maldad y estalla en mil cristales diminutos.

Agua formando amalgamas con vidrios en un charco transparente. El estallido del vaso ha conseguido por un instante atenuar los gritos, sin embargo ahora, disipada la sorpresa, atenuado en el tiempo el eco de la explosión, se reanudan las voces y se elevan con mayor violencia insultos y reproches.

Agua.

Agua vertida.

Agua salada derramada por sus lagrimales. Lágrimas que ruedan recorriendo sus mejillas junto a hilitos frágiles de sangre y no logran encontrar vestigios de pena en su rival, ni consiguen apagar la tormenta, ni poner fin al infierno.

Ha sido ella, ha sido su mano temblorosa la que ha lanzado el vaso contra el suelo, y lo ha tirado al suelo por no estrellarlo contra la cabeza del monstruo, pero tras la sorpresa inicial, el gesto no ha conseguido más que redoblar el enojo de su marido, estimular su descontrolada furia.

¡Qué oscuridad tan densa y cruel se cierne sobre su noche! ¡Qué truenos tan horrendos se cierran sobre su vida! Y ella, una vez más indefensa, sabe que por muchas lágrimas que derrame, por mucho que su desesperación y su miedo la obliguen a cerrar sus ojos y tapar sus oídos, por mucho que sus brazos traten de amortiguar los golpes, es imposible. Las manos de ese hombre transformado en fiera impactan una y otra vez en su rostro, en su pecho, en su alma, golpes inevitables que casi ya ni duelen y que caen sobre ella como agua, gotas de lluvia de un aguacero persistente, cobarde e insoportable.

Agua.

Agua vertida.

Agua derramada, gota última que con su sola presencia desborda el vaso de la paciencia. Recoge los cristales del suelo junto con los fragmentos de su derrota, y sin embargo no se siente vencida, por el contrario, percibe que ha ganado, pero ¿acaso se trataba de una guerra?

Para los vecinos ha sido tan sólo una escaramuza más, lo mismo de casi todas las noches, agua que no has de beber. Para él un accidente más, daños colaterales de un halo luminiscente producido por exceso de alcohol en sangre, agua que calma la sed inherente a la resaca. Para los periódicos un caso más que engrosará las estadísticas de malos tratos, otro titular de violencia doméstica, agua corriente que circula habitualmente por las tuberías y cloacas.

Para ella ha sido la última vez, agua bendita para signarse y asperjar, bautismo de un nuevo comienzo, de preguntarse ¿qué será de mí si me marcho?, ha pasado a preguntarse ¿qué será de mí si me quedo?

El portazo no ha conseguido despertar a la bestia, el alcohol ahora ejerce de somnífero, hasta mañana no sabrá que se ha ido, no sabrá que ya no lo aguanta, no sabrá que ya no lo quiere. El eco del portazo se arrastra perezoso por la escalera y es la última reverberación acústica de esta tormenta, desde hoy su río fluirá hacia otros mares.

Libertad por fin derramada en océanos sin tempestades.

Vida vertida.

Agua.

2 comentarios:

ANA MARÍA ARROYO dijo...

Lo leo una y mil veces y me arrastra a un suceso parecido que viví muy de cerca, que acabó terriblemente mal... sin que yo fuera capaz de cambiar el final... Supongo que ahora entenderás porqué me cuesta tanto leértelo en voz alta. Lo haré, sin duda. Por ti, por mí y por Esperanza, curioso nombre el suyo para subir al cielo... Pero es allí donde está. Quizá si hubiese sido ahora yo, yo... no! da lo mismo. No se puede cambiar el pasado. Me encanta cada gota de agua de este relato. Gracias!

La profecía del silencio dijo...

Pues en mi caso salió bien, María vive en algún lugar que todos ignoramos por su seguridad e intuyo que es feliz. María se bebe las calles.