viernes, 27 de abril de 2012

Mi crimen, mi castigo

Tengo un poco descuidado el blog con tanto ajetreo. Hoy os dejo el relato que he escrito para el concurso de microrelatos Afnac con el tema Titanic. Pongo el mío, titulado "Mi crimen, mi castigo" después pongo el ganador, el más votado por el público, "Nuestro sueño" y finalmente enlace por si os apetece leer alguno más. No he modificado nada, solo he copiado y pegado.





La fotografía es de Millvina Dean, la última superviviente del Titanic que falleció en el año 2009.


Mi crimen, mi castigo


Hace frío esta noche sin luna, no parece primavera. El océano sin olas es una alfombra en absoluta calma… al contrario que yo.

 Miro mis manos, vacías, temblorosas. No puedo unirlas, ni moverlas, ni mantenerlas quietas. La brisa acaricia tímida mi piel sin conseguir borrar la sangre que impregna mis dedos. Tras arrojar el puñal al mar me pregunto cómo he podido hacerlo.

 Miro al cielo carente de luna, no merezco su perdón, le ruego que me castigue y se cobre caro mi descaro, mi horrendo crimen.

 ¿Tendré valor para saltar por la borda? El suicidio sería un final digno. De improviso una montaña de hielo aparece frente al barco, en unos segundos se produce el impacto. El iceberg es mi penitencia, socorreré a cuantos pasajeros pueda, después me dejaré morir. En el fondo del mar, donde ya descansa el arma homicida, ocultaré eternamente mi culpa, mi crimen, mi castigo.




 Nuetro sueño



 Habiamos trabajado de sol a sol durante mucho tiempo para poder cumplir nuestro gran sueño
 "RUMBO A AMERICA"
Los dos embarcamos de la mano con una inmensa ilusion de haber logrado lo que llebavamos ansiado toda la vida,la felicidad se reflejaba en nuestra mirada estabamos estasiados.
Zarpamos en el indestructible enamorados y con vistas hacia el futuro y que dura es la vida:
años trabajando forjando nuestro sueño y en dos cortas horas cogidos de la mano vimos como se sumergia con nosotro nuestro sueño hacia el fondo del mar.





 http://factoria.fnac.es/concursos/microrrelatos-titanic

jueves, 19 de abril de 2012

El bote número 14



Fotografía que me envían unos amigos titanicoadictos. Es el bote salvavidas número 14 del Titanic llegando al Carpathia.






Fotografía en la que se marca dónde está el plegable D, gentileza de mi amigo CSI Burriana.




El bote salvavidas número 14, aproximadamente a las 7.00 horas del día 15 de abril de 1912 a su rescatador, el Carpathia.
Este bote era tripulado por el señor Harold Godfrey Lowe. La particularidad de este bote estriba en que fue el único que viendo sitios vacíos en su interior, regresó a tratar de recoger más pasajeros. De todos modos pensaron sus ocupantes que si iban demasiado pronto, las personas desesperadas que a buen seguro estaban en el agua tratando de sobrevivir, presas del pánico, tratarían de acceder al bote a toda costa y lo hundirían.
Decidieron esperar un poco hasta que se percibieran menos gritos en la oscuridad y, entonces regresaron. Apenas pudieron ya encontrar a cuatro hombres, ante lo cual, el señor Lowe, quinto oficial del Titanic, dijo apesadumbrado:
- Hemos esperado demasiado.
El bote número 14 remolcaba al plegable D en el momento de la fotografía que se tomó desde el Carpathia y estaban arriando la vela para facilitar su transbordo.
Antes de llegar al barco que los rescató, uno de los cuatro pasajeros que recuperaron del agua, falleció.
Lowe fue considerado un héroe. Cuando el Titanic llegó a Irlanda en el inicio de su viaje, Harold envió a su prometida por correo un menu del comedor de primera clase del Titanic, el primer menu creo recordar. En el año 2005 fue subastado vendiéndose finalmente en un precio de 51000 libras.
¿Quién se lo iba a decir a él en 1912?
Harold terminó casándose con su prometida y tuvo dos hijos. Murió a los 62 años, cuando habían transcurrido 32 del tragico hundimiento.

miércoles, 18 de abril de 2012

No puedo ir de vacaciones



Tras unos días de relax cerca de mi admirado Benedicto XIII.




De nuevo el estres.


Marzo, sábado día 31, por fin llegan las ansiadas vacaciones de semana santa, necesito un descanso, dormir, pasear, holgar... esas menudencias.
Antes de irme pongo al día los asuntos bancarios. Tengo cuenta en varios bancos pero poco dinero, por tanto distribuyo el efectivo de forma que pueda pagar los recibos que no cogen vacaciones y que van a llegar, seguro.
Los primeros días son estupendos, buen tiempo para ser abril, relax, un lujo. El día 4 amanece un día desapacible de viento y nubes, buen momento para consultar movimientos bancarios y cuidar de no gastar más de la cuenta.
En el cajero más próximo compruebo que me han cargado un recibo incorrecto de 183 euros, la academia de inglés no se ha acordado de que mi hijo se ha dado de baja y cobran algo que no deben, bueno, ya lo arreglaré cuando regrese, pero horror, no hay dinero para afrontar pagos y faltan algunos por hacerse. De inmediato saco dinero de otra cuenta y lo ingreso, 500 euros, que hoy me siento generoso.
No llegué a tiempo, uno de los recibos, el del coche, ya lo habían pasado y al no haber dinero lo devolvieron, pero yo esto no lo supe de inmediato, sino a día 12 de abril.
Recibo un mensaje en el móvil de un numero que desconozco diciendo que para un asunto de mi interés llame a un número, 881 25.... que no conozco y que me suena rarísimo al empezar con 8. Luego me han informado que estos números son normales en ciertas zonas de Galicia, pero yo lo ignoraba y por tanto, no llamo.
Recibo una llamada sobre las 18h. Estaba en una reunión que interrumpo, salgo y atiendo el requerimiento. Una señorita de EOS, una empresa de recobros, careciendo del mínimo tacto y sin ninguna dosis de amabilidad, me dice que debo una cuota de un garaje. Yo no sé ni de qué me está hablando y le digo:
_ ¿Garaje x? –aquí el nombre del sitio donde compré el coche y que yo ni recordaba- ¿Y qué es eso?
_ Pues no lo sé, usted sabrá, ¿no ha pedido un crédito para arreglar el coche?
Poco a poco caigo en el asunto, no es una reparación, el único crédito que tengo, hipoteca a parte, es el del coche.
_ ¿Cuándo va usted a hacer el ingreso?
_ Pues ahora mismo, en cuanto llegue a casa hago la transferencia por internet.
_ Apunte el número de cuenta.
_ Pues ahora mismo no puedo, no tengo nada a mano, ¿no me pueden llamar en otro momento?
_ El número se le ha quedado grabado en el móvil, llame usted cuando pueda tomar nota.
Dos llamadas más y ya tengo la cuenta del Banco Pastor, puesto que la financiera es Pastor Servicios Financieros. La tercera señorita, más amable, gracias Maria José, me indica que puedo hacer el pago el lunes 16 sin que me amplíen intereses y debo enviar un FAX con el justificante de ingreso.
Lunes 16, bajo para ir al banco a efectuar el ingreso tal como me he comprometido, en el buzón una carta de esta empresa de recobros instándome o instigándome al pago. Empiezo a indignarme. A cien metros de la sucursal del Banco Pastor me suena el móvil. Llaman de la oficina en Madrid de La financiera Pastor Servicios Financieros, Serfin, en adelante Serafín – según la R.A.E. Cada uno de los espíritus bienaventurados que forman el primer coro; Persona de singular hermosura –, para reclamarme el pago. Le indico, ya con poca paciencia y algún exabrupto a la señorita que estoy en la puerta del banco y que hubiera agradecido que me llamaran ellos en lugar de facilitar mis datos personales a sus sabuesos recobradores, solo les ha faltado enviarme a la Guardia Civil a casa.
Hago el pago en ventanilla, iba a dar rienda suelta a mis instintos asesinos pero la señorita que me atiende no tiene culpa y además es un dechado de amabilidad. Me facilita una información que le pido para protestar a la financiera y para solicitar el reintegro de los 15 euros debido a que jamás han tenido problemas conmigo. Gracias señorita, lamento no recordar su nombre, discúlpeme.
Algunas horas más tarde envío un fax con el justificante del ingreso, ahora resulta que no se lee con claridad, solo se ve el DNI y deben comprobar si la cantidad es la correcta, ¿no se lo reflejarán los movimientos de SU CUENTA? Pero claro, no me llaman para decírmelo, soy yo quien a última hora del día llama para ver como va el asunto y me informan. Escaneo el recibito y lo envío por correo pidiendo que al día siguiente me llamen para confirmar si lo ven o si no lo ven.
Me llaman, lo ven, gracias Maria José, perdona la charla que te di pero comprende, mi paciencia tiene límite.
Ya no debo nada a nadie, pero ahora me deben a mí, ahora me toca a mí contar a TODASPAÑA lo que me ha ocurrido y hacerles la debida publicidad que merecen. Para empezar y de momento con el correo que le he mandado a Pastor Serfin esta mañana, después con este relatazo en mi blog, que para eso soy escritor, y al que voy a dar la máxima difusión que pueda y no descarto otros próximos escritos y artículos en revistas para que todos mis conocidos, amigos y vecinos sepan con quien NO deben financiar sus coches y, espero que me devuelvan los 15 euros, porque yo cuando termino de pagar un coche compro otro y claro, con tantas financieras como hay (precisamente trabajo para una de ellas) y, ya conocida la peor, prefiero pagar en metálico o ir en autobús que trabajar con Serafín.
Regresaba de mis vacaciones con las pilas recargadas pero me las han descargado estos Serafines en apenas cuatro días, necesito vacaciones de nuevo, pero me da miedo irme, a ver si al regreso me encuentro a los cuerpos y fuerzas de seguridad en la puerta de mi casa o al cobrador del frac, o peor, a los empleados de EOS empresa de recobros, había oído que estas empresas presionan para lograr sus objetivos e incluso llegan a amenazar, conmigo no lo han hecho, la verdad sea dicha, pero les ha faltado educación y elegancia, además me pregunto, si por una casualidad no hubiera podido pagar, qué hubiera ocurrido, porque los que no quieren pagar a veces se salen con la suya pero a los pobres que no pueden, a esos si los machacan bien mientras su Rey caza elefantes por el módico precio de 37000 del ala.
En fin, correré un estúpido velo, sobre todo si me reintegran los 15 euros que me han robado de manera legal estos señores banqueros a los cuales rescatamos cuando les vienen mal dadas. Con lo buenísimo que me ha salido el coche y lo mala que me ha salido la financiera.
En el transcurso de la escritura de este re-latazo recibo llamado de Pastor Serafín negándose a la devolución de los 15 euros, bien pues que los disfruten con salud, ya definitivamente han perdido un cliente y haré lo posible para que pierdan más, empezando por el concesionario de venta de vehículos que es de un buen amigo mío. Aprovecho para pedir perdón de nuevo a la señorita que me ha atendido, sé que ella no tiene culpa de lo sucedido, pero también sé que me comprenderá. Trata de disculpar a la empresa recobradora, reconociendo que suelen ser algo agresivos, a lo cual yo añado que ellos no tienen la exclusiva de la agresividad, yo también puedo serlo, sobre todo si me presionan sin educación ni elegancia.
Y ustedes ya lo saben, al comprar un coche no sean aventurados, no se fíen de Serafines por muy bienaventurados que parezcan y muy bien que suenen en el coro y mucha belleza que manifiesten, en la letra pequeña está siempre la extorsión, ¡uy, qué lapsus! Quise decir, distorsión.

lunes, 16 de abril de 2012

Presentación Titánica.





Espero que para todos vosotros fuera tan divertida y especial como lo fue para mí.
Gracias a los que vinieron, algunos se tuvieron que ir antes de terminar debido a que apenas me gusta hablar, la próxima vez Sandra cantará al principio para que nadie se lo tenga que perder.
Os emplazo a todos cuantos queráis a la próxima, en Madrid, el viernes día 20 a las 21h en Champanería María Pandora, Plaza Gabriel Miró nº 1 de Madrid.
Una plaza cuyo nombre inspira literatura y un Titanic que se niega a hundirse a pesar de todo, buena mezcla que os invito a saborear.


lunes, 26 de marzo de 2012

¿Quieres jugar conmigo?


No correr es de cobardes.

Me repito esta frase una y otra vez para convencerme de que debo salir a hacer un poco de ejercicio. Me cuesta, debo reconocerlo, unos días por el frío, otros por el cansancio acumulado, otros por falta de tiempo... siempre hay una excusa que trato de vencer con esa corta frase.

Me enfundo en la ropa deportiva, me pongo las zapatillas y sin darme tiempo para arrepentimientos salgo de casa. Como ya voy teniendo una forma física aceptable tengo establecido un recorrido habitual, de ese modo controlo la distancia y evito las zonas de tráfico rodado.

Cuando regreso, faltando apenas unos 20 minutos para llegar a casa, paso por la puerta de un colegio, muchas veces en la puerta hay personas fumando, casi siempre, entre ellos, está el conserje.

_ Eso deberíamos hacer nosotros- dice una voz femenina-, correr en vez de fumar.

_ Correr es de cobardes- afirma entre risas el conserje.

Ganas me dan de volverme y decir, de cobardes es no correr, pero prefiero guardar mis fuerzas y no agitar más mi agitada respiración, además, ellos no lo comprenderían.

Los sábados me resulta menos costoso el esfuerzo, más gratificante, no tengo que madrugar y cuando la temperatura es agradable salgo a correr por mi habitual recorrido. De regreso, no hay nadie fumando en la puerta del colegio, los fines de semana todo es diferente, menos gente, menos coches, menos prisas.

Cruzando el parque adelanto al conserje que pasea con su perro, el animal no piensa lo mismo que su dueño y al no creer que correr sea de cobardes, corretea a mi alrededor, en un par de ocasiones se me enreda en los pies.

_ Por favor sujete al perro- ruego al conserje-, me va a hacer caer.

_ No se asuste- responde-, no muerde, solo quiere jugar.

Otra frase mítica que debemos escuchar los corredores. Por lo general contesto que de igual modo lo sujeten, pues si me caigo puedo hacerme tanto daño o más que si me mordiera, en otras ocasiones añado que conozco su intención, solo quiere jugar, pero yo no quiero jugar con él. Esta vez no me decido por ninguna de esas dos opciones.

No sé porque, tal vez por el cansancio, no en vano llevo una hora corriendo; o quizá me han cogido en un día tonto, o el recuerdo de las bromas casi a diario a la puerta del colegio me ha ofuscado, no lo sé.

El caso es que me giro, vuelvo sobre mis pasos, tomo velocidad en unos metros y, salto como un chucho juguetón sobre la espalda del conserje.

El hombre que no espera esa reacción se derrumba estrepitosamente bajo la contundencia de mis 90 kilos y cae al suelo, debajo de mí le oigo protestar.

_ ¡Pero está usted loco!

_ No te asustes, no muerdo, solamente quiero jugar un momento contigo.

jueves, 8 de marzo de 2012

El ángel de Caín


Dejo un microrelato, esta semana sólo uno, no he tenido nimás tiempo nimás inspiración.




El ángel de Caín

Igual que lo hacen las ballenas me muevo lento aunque seguro. Ella camina por delante, no sospecha que la sigo, quizá un día descubra mi túnica flotando suave cerca de la estela de sus cabellos y entonces sepa agradecérmelo.

No tengo otra imagen en mi retina que su silueta, ni más obsesión que protegerla con mi aura.

No, soy un pirado.

Nunca tengo vacaciones ni asuntos propios, no percibo sueldo ni compensación material.

No, soy un parado.

Soy impalpable, invisible, ilimitado, viajo en la burbuja azul de la providencia y velaré por ella hasta el día de su cita ineludible con la quijada del destino.

jueves, 1 de marzo de 2012

Las cárceles de la vida


Dos microrelatos nuevos que tampoco han ganado el concurso correspondiente.
Memoria fotográfica y Las cárceles del alma. Al final pongo los ganadores, no sé por qué no se ven correctamente pero se pueden leer si se tiene curiosidad.

Memoria fotográfica

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel; los acaricio con mis dedos traviesos; se pone nervioso, quizá porque los he podido ver, quizá porque se están borrando con el sudor.

_ ¿Qué significan estos dígitos?
_ Nada cariño, es la clave de mi Twitter, tenía miedo de olvidarla.
_ Lo siento, los estoy emborronando
_ No te preocupes, ya no sirven, la he cambiado, voy al baño, me lavo y los elimino para siempre.

Apenas se marcha descuelgo el teléfono, marco esos números que mi memoria prodigiosa ha guardado. una voz joven y seductora responde mimosa:
_ Corazoncito ¿por qué has tardado tanto en llamarme?, pensaba que ya no me querías.


Las cárceles de la vida


Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel, la cifra es larga, no puede ser de la lista del colegio.

_ Abuelo ¿qué es un reloj?

_ Un reloj es la cárcel del tiempo, te apresa en sus saetas y ya no puedes salir.

Veo las cicatrices de sus manos.

_ ¿Y esos números?

_ Todos somos números, desde que nacemos, en el colegio, en el ejército, en la empresa, en la cárcel, en la cola del paro. Este es el último, el del nicho.

_ ¿Nicho? ¿Qué es?

_ La cárcel del cuerpo, estoy llegando al final de la escalera.

_ Pero estás subiendo o bajando.

_ Bajando, si subiera sería la cárcel del alma.








La sirena justo antes de despertar

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Los marco y resulta que empieza a sonarle un hombro. Se lo disloca,¡cruej! La cabeza del húmero se le queda junto a la oreja, como un teléfono por el que escucho mi voz lejana. Y entonces me responde, con tono de contestador:"Son las seis en punto de la mañana, gracias por utilizar nuestro servicio despertador". Intento hablarle, pero se lo coloca en su sitio y sigue caminando por el embarcadero como si fuese una top sobre una pasarela. Al llegar al borde se tira al agua y se despide con la cola. Igual que lo hacen las ballenas.

Sanguinem atramentum

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Aparecen y desaparecen cada cierto tiempo, coincidiendo con los latidos de su corazón, junto a logaritmos, integrales y funciones cuadráticas. Matemáticos de todo el mundo, liderados por su padre, examinan a diario las ecuaciones que aparecen en su piel y que no consiguen descifrar ni mediante los cálculos más complejos. Durante horas, proponen nuevos axiomas, plantean cientos de teoremas y discuten sobre la notación empleada.

La niña, ajena a los significados de las incógnitas que plantea su cuerpo, se queda callada en un rincón, esperando pacientemente el momento en que alguien consiga resolverla.

Ramón

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Me doy cuenta de que es un teléfono y le miro a la cara. Lo reconozco, es el hombre de la foto, el del Alzheimer ese, el que lleva desaparecido varios días. Le convenzo para que me acompaña a mi casa. Está hambriento y se come las sobras del arroz de esta mañana. Aunque no se parece en nada a mi Ramón, que en paz descanse, me gusta ver de nuevo a un hombre sentado a la mesa. Decido quedármelo y llamarlo también Ramón. Total, para el caso que me hacía el otro... A ver cuánto me dura éste.